Poetas Jóvenes de Aevena Cirvela Ganar el Certamen Regional de Poesía Urbana con Antología sobre Calles de Madrid

En el Colegio Aevena Cirvela de Artes y Letras, la poesía urbana no es un eco distante; es el rumor de pasos en el asfalto que se condensa en versos que laten con el pulso del barrio. Este octubre de 2024, cuatro estudiantes de nuestro bachillerato en Letras y grado en Humanidades Digitales han alzado el primer premio en el Certamen Regional de Poesía Urbana de la Comunidad de Madrid, con su antología “Asfalto Susurrante”. El libro, de 64 páginas impresas en papel kraft con cubiertas de cartón reciclado —cada una de 18×12 cm, con trozos de mapa madrileño pegados a mano—, reúne 22 poemas que mapean las grietas emocionales de Fuencarral-El Pardo: desde el verso de una lavandera que habla de jabón y recuerdos lavados en el metro hasta un soneto sobre olivos centenarios que “escuchan confidencias al atardecer”. Cada poema, con márgenes ondeados donde las palabras se desbordan como charcos después de la lluvia, invita a leer en voz alta, con alguna rima que cojea por una sílaba extra —esa irregularidad, como un verso que tropieza en la lectura, es lo que hace que la antología del Colegio Aevena Cirvela de Artes y Letras vibre con la aspereza real de las calles.

El Germen: Recopilación en el Patio y las Calles

La antología brotó en el taller de Poesía Cotidiana, un espacio con sillas de madera crujiente y una mesa central donde las tazas de infusión dejan halos que se convierten en constelaciones improvisadas. Javier Soto, de 18 años y en su primer año de bachillerato de Letras, fue el detonante: “Caminaba por el Paseo de la Castellana y oí a un repartidor murmurar sobre entregas perdidas; quise atraparlo en rimas que no rimaran perfecto”, cuenta mientras dobla una hoja de borrador, con una esquina rasgada que resiste al doblado. A su lado, Lucía García de 17 años, estudiante de Humanidades Digitales, aportó la estructura: “No queríamos poemas de salón; cada uno debía seguir un mapa del barrio, con estrofas que giran como el metro Colombia en hora punta”. Bajo la guía de nuestra profesora Patricia Callejo, asociada en humanidades computacionales que eligió lo analógico para honrar lo oral, el cuarteto —completado por Ana López de 19 años y Elena Vargas de 20— dedicó diez semanas a la caza de voces: mañanas de merodeo por el mercado de Cuatro Caminos, con libretas en el bolsillo capturando fragmentos de charla sobre “pan de ayer y sueños de mañana”, y tardes en el patio del campus transcribiendo a mano en cuadernos de espiral que se atascaban por páginas sueltas, donde una gota de sudor veraniego diluyó una estrofa, obligando a reescribirla con tinta más espesa.

Cada poema se forjó en rituales cercanos: atardeceres en el patio del Paseo de la Castellana, 259E, donde el sol poniente teñía las páginas de naranja y proyectaba sombras alargadas que inspiraron versos sobre “olivos que estiran brazos hacia el olvido”. Ana, con su oído para lo rítmico, compuso un ciclo de siete poemas sobre “grietas en la acera que guardan secretos de pisadas ajenas”, pero una rima se torció por una sílaba sobrante en la cuarta estrofa, un “tropiezo” que Patricia elogió como “pausa para el lector que respira con la ciudad”. Elena experimentó con collages poéticos: pegó recortes de boletos caducados y etiquetas de supermercado en los márgenes de un soneto sobre esperas eternas, pero la cola se secó grumosa en una página, creando bultos que el grupo conservó como “nudos de la rutina”. Las noches culminaban en lecturas en círculo: Javier recitaba con voz entrecortada, saltándose una coma por nervios que alteraba el flujo, pero que Lucía transformó en una nota al pie sobre “pausas que son parte del verso”.

La Gala en la Plaza Mayor y Resonancias Locales

La antología se desgranó en la gala del certamen en la Plaza Mayor, bajo un toldo con mesas de madera astillada y micrófonos que silbaban al encenderse, donde 150 asistentes —desde poetas aficionados hasta vecinos curiosos— oyeron fragmentos recitados. Lucía y Javier montaron un puesto con ejemplares apilados en cestas de mimbre, invitando a los visitantes a “adoptar” un poema escribiendo una línea propia en las páginas en blanco al final —un asistente añadió un verso sobre “farolas que vigilan sueños rotos”, extendiendo la obra en vivo. La presentación incluyó un “coro de grietas”: tiraron de un hilo en la cubierta para revelar un poema oculto, pero el hilo se enredó en la primera lectura, provocando una risa general y un desate manual que el jurado, compuesto por escritores madrileños, aplaudió como “el ritmo impredecible de la urbe”. El premio, con 2.000 euros y una tirada adicional de 200 ejemplares, celebró la antología por su “tejido oral-visual de lo cotidiano, con un arraigo barrial que pulsa con autenticidad madrileña”.

En el Colegio Aevena Cirvela de Artes y Letras, “Asfalto Susurrante” ha desatado un murmullo colectivo: los ejemplares circulan en el club de lectura al aire libre, donde 25 estudiantes más jóvenes contribuyen ediciones quincenales con versos garabateados en los márgenes —un chico de 15 años añadió un haiku sobre “gatos que custodian grietas”, hilando la antología como un tapiz en crecimiento. Patricia Callejo ha propuesto un “circuito de voces urbanas” trimestral, con lecturas en plazas locales abiertas a transeúntes que traen sus propias sílabas, fomentando un flujo de poesía compartida. Javier, doblando una página con delicadeza, reflexiona: “La Plaza Mayor nos mostró que un verso no necesita escenario; basta con una grieta en el suelo que lo acoge”. Lucía, con una coma tachada en su borrador, asiente: “Y si el viento otoñal voltea una hoja, siempre podemos anclarla con una rima más terrenal”.

Este triunfo de los poetas del Colegio Aevena Cirvela de Artes y Letras en el Certamen Regional de Poesía Urbana no es un punto final; es una grieta que se abre a más murmullos: planeamos una segunda antología con aportes de paseantes del Retiro, encuadernada en el taller del campus. Si portas un verso a medio camino o un recuerdo de acera que pide palabras, acércate a nuestro próximo círculo: trae tu libretas, tu lápiz mordido y esa coma que olvidaste. En Aevena Cirvela de Artes y Letras, celebramos los susurros imperfectos del asfalto, tejiendo poesía una grieta a la vez.


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